5 noviembre 2026 Members Calling News

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Members Calling #178 | Elisenda Bonet: “Queremos evitar que bebés prematuros asuman funciones para las que aún no están preparados”

5 noviembre 2026 Members Calling News

Cada año, 666.000 bebés nacen antes de las 28 semanas, enfrentándose a posibles secuelas respiratorias, neurológicas o digestivas que les acompañen toda la vida. “Asumen de manera repentina funciones para las que todavía no están preparados”, explica Elisenda Bonet, CEO y cofundadora de fetaLife.

Con más de 11 millones de euros de financiación, fetaLife desarrolla una incubadora fetal líquida que recrea las condiciones del útero materno. A través de una placenta artificial conectada al cordón umbilical, permite mantener el intercambio de oxígeno y nutrientes para que los bebés extremadamente prematuros puedan seguir desarrollándose.

Más allá de fetaLife, Elisenda nos habla de las decisiones que han marcado su trayectoria, de sus referentes científicos y de la importancia de rodearse de un equipo capaz de llegar mucho más lejos.

 

TB: ¿Cuál es el propósito de tu proyecto?

EB: En fetaLife estamos desarrollando una incubadora fetal líquida para bebés extremadamente prematuros, especialmente aquellos que nacen entre las 22 y las 26 semanas de gestación, cuando sus órganos todavía no están preparados para funcionar fuera del útero materno.

Nuestra tecnología busca mantener la fisiología fetal durante más tiempo, recreando un entorno líquido y utilizando una placenta artificial conectada a través del cordón umbilical para facilitar el intercambio de oxígeno y nutrientes. La idea es evitar que estos bebés tengan que asumir de manera repentina funciones para las que todavía no están preparados.

Lo que queremos es darles más oportunidades de desarrollarse en mejores condiciones. Porque no se trata solo de sobrevivir, sino de reducir las complicaciones que pueden afectar a toda su vida.

 

TB: ¿En qué fase se encuentra el proyecto y dónde te ves dentro de dos años?

EB: Hemos conseguido resultados preclínicos muy relevantes, entre los que destaca haber mantenido el soporte fetal durante 21 días en un modelo experimental de oveja. Ahora estamos centrados en transformar estos resultados en una tecnología segura, reproducible y preparada para afrontar los requisitos regulatorios.

Dentro de dos años, nuestro objetivo es estar preparados para iniciar el primer estudio en humanos (First-in-Human), después de haber completado los pasos científicos, técnicos y regulatorios necesarios. Tenemos un calendario ambicioso, pero tenemos claro que, en una tecnología con este potencial y esta responsabilidad, el rigor y la seguridad deben estar siempre por delante.

 

TB: Una decisión clave que haya marcado tu proyecto. 

EB: Una decisión clave fue enfocar el proyecto desde el principio como un desarrollo tecnológico orientado a llegar a los hospitales y a los pacientes, y no solo como un proyecto de investigación. Esto nos ha permitido avanzar hacia la transferencia tecnológica y construir un equipo con las capacidades necesarias para convertir los resultados científicos en una tecnología real.

También tuvimos claro que no queríamos desarrollar una solución que solo pudieran incorporar unos pocos hospitales muy especializados y con grandes recursos. Por eso, diseñamos la incubadora líquida pensando en su integración en los sistemas sanitarios públicos, intentando que pueda incorporarse a los hospitales sin tener que transformar completamente sus instalaciones y que el coste no se convierta en una barrera insalvable.

Esta visión condiciona muchas de las decisiones que tomamos, pero es fundamental para nosotros: no queremos solo desarrollar una tecnología innovadora, sino conseguir que, cuando esté preparada para llegar a los pacientes, pueda beneficiar al máximo número posible de bebés.

 

TB: ¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado y qué te ha enseñado?

EB: fetaLife es un “proyecto de proyectos”. No se trata solo de construir una incubadora, sino de desarrollar prácticamente todo lo que necesita para funcionar: el líquido que recrea el entorno amniótico, las cánulas, los sistemas de monitorización, los procedimientos clínicos… Muchas de las soluciones que necesitábamos, simplemente, no existían.

El mayor reto es conseguir que todas estas piezas, cada una con su complejidad, funcionen juntas de manera segura, fiable y coordinada. Esto requiere conectar disciplinas muy diferentes y avanzar en muchos frentes a la vez.

Esta experiencia me ha enseñado, sobre todo, el valor de construir un equipo multidisciplinar y confiar en el conocimiento de cada persona. Tenemos la suerte de contar con mucho talento y una ambición sana, que nos empuja a ir siempre un poco más allá. Aprendemos unos de otros constantemente, y he comprobado que es esta combinación de conocimiento, confianza y voluntad de superarnos la que nos permite afrontar retos que, individualmente, serían muy difíciles de alcanzar.

 

TB: ¿Cuál es el mejor consejo que has recibido?

EB: Rodearte del mejor equipo posible: de personas que saben hacer cosas que tú no sabes hacer, que aportan visiones diferentes y que son capaces de proponer soluciones que tú ni siquiera habrías imaginado.

Parece un tópico y, cuando lo escuchas por primera vez, quizás piensas: «Sí, sí, esto ya lo sabemos». Pero, con el tiempo, te das cuenta de que va mucho más allá de sumar conocimientos técnicos o experiencias profesionales diferentes. Se trata de compartir una visión y la ilusión por un proyecto, y de entender que esta energía no siempre viene de la misma persona: hay momentos en los que unos empujan más, y otros en los que son otros quienes aportan nuevas ideas, confianza o fuerzas para continuar.

Un equipo diverso multiplica las maneras de llegar adonde quieres. Te permite ver caminos que individualmente no habrías imaginado, adaptarte a los obstáculos y encontrar soluciones que de otra manera serían imposibles.

En un proyecto tan complejo como fetaLife, donde hay que avanzar en muchos ámbitos a la vez y afrontar retos que nadie ha resuelto antes, esto es primordial. No se trata solo de tener el mejor talento, sino de construir un equipo que, junto, sea capaz de llegar mucho más lejos de lo que podría llegar cada uno por separado.

 

TB: ¿Has cambiado de opinión sobre algo con el tiempo?

EB: En todo y en nada. En lo esencial, mi visión sigue siendo la misma: desarrollar soluciones tecnológicas que puedan transformar la vida de las personas. Lo que ha cambiado radicalmente es la manera de conseguirlo.

Soy una persona inquieta, me gusta avanzar rápido y buscar soluciones. Pero, con los años, he aprendido que no siempre se puede ni conviene tener una respuesta o un resultado inmediato. Hay decisiones y procesos que necesitan tiempo, reflexión y escuchar a todos los actores implicados. También hay que dejar espacio para que las personas puedan entender otros puntos de vista, cuestionar sus propias ideas y encontrar nuevas maneras de hacer las cosas.

No se trata de ir más despacio, sino de saber cuándo toca correr y cuándo hay que detenerse a pensar. He aprendido que avanzar rápido no siempre significa llegar antes, y que, a veces, dedicar más tiempo a decidir bien es lo que te permite llegar más lejos.

 

TB: Un referente profesional que te inspire y por qué.

EB: Ingrid Daubechies, matemática conocida sobre todo por sus aportaciones a la teoría de las wavelets, unas herramientas matemáticas fundamentales en el tratamiento y la compresión de señales e imágenes.

Cuando estudiamos ingeniería, utilizamos constantemente expresiones y herramientas que llevan nombres como Euler, Laplace o Fourier: casi siempre son hombres y, a menudo, muertos. Cuando hacía mi Proyecto Final de Carrera, trabajaba con wavelets y utilizaba los filtros de Daubechies para procesar imágenes médicas. Al profundizar en ellos para poder explicarlos bien, más allá de las fórmulas, descubrí que detrás de aquel nombre había una mujer matemática y, además, contemporánea nuestra.

Aquel descubrimiento me abrió los ojos: la ciencia no es solo aquello que leemos en los libros y aprendemos del pasado. Es conocimiento vivo, que continúa evolucionando y del que nosotros también podemos ser protagonistas. Me impactó especialmente ver cómo una investigación matemática muy fundamental puede acabar teniendo aplicaciones en ámbitos muy diversos.

En cuanto a los referentes de proximidad, diría que todo el mundo en general y nadie en particular. Los compañeros de trabajo, mis amigas y mis amigos… Creo que cada uno tiene algo que puede inspirarte o enseñarte. Intento aprender de todo el mundo.

 

TB: ¿Qué valoras más en las personas con las que trabajas?

EB: La implicación, la curiosidad y la generosidad. Y, sobre todo, que sean buenas personas. Me gusta trabajar con gente que tiene criterio propio, que cuestiona, que aporta ideas y que también sabe escuchar y aprender de los demás. En fetaLife somos personas con formaciones, experiencias y maneras de pensar muy diferentes. Cuando trabajas con tanta diversidad, creo que es fundamental partir de la confianza: saber que todo el mundo es buena persona, está plenamente implicado y quiere contribuir al mejor resultado posible.

Esta confianza es especialmente importante cuando las opiniones divergen. Si tienes la certeza de que todo el mundo está aportando lo mejor de sí mismo y de que las discrepancias nacen de querer hacer avanzar el proyecto, y no del ego personal, es mucho más fácil escuchar, cuestionar las propias ideas y encontrar la mejor solución entre todos.

 

TB: ¿Qué tecnología marcará el futuro?

EB: Las tecnologías capaces de mantener o dar soporte a funciones vitales fuera del cuerpo humano. Creo que veremos cómo la tecnología nos permitirá ir más allá de los límites biológicos actuales, no para sustituir el cuerpo humano, sino para darle apoyo cuando más lo necesita. Por ejemplo, manteniendo órganos vivos fuera del cuerpo para poder aplicarles los tratamientos que necesitan. Es un campo que apenas empieza a explorarse y que, a pesar de las limitaciones actuales, puede transformar radicalmente la medicina y abrir nuevas vías para salvar vidas. Algunos de estos avances, que hasta hace poco parecían ciencia ficción, cada vez están más cerca de convertirse en realidad.

 

TB: Una startup o compañía que marcará el futuro. 

EB: The Smart Lollipop. Me admiran las ideas que, aunque parecen muy sencillas, pueden resolver problemas reales y mejorar la vida de las personas. Cualquier persona que haya tenido hijos puede entender enseguida el valor de una piruleta que permite obtener muestras de saliva para el diagnóstico médico de una manera más amable y menos invasiva para los niños.

Precisamente, creo que detrás de esta simplicidad hay mucha innovación y un largo camino de desarrollo. Me parece un buen ejemplo de cómo una idea que todo el mundo puede entender puede requerir años de trabajo para convertirse en una solución médica real. Y también de cómo llevar una innovación al mercado, especialmente en el ámbito de la salud, puede ser mucho más lento de lo que nos gustaría.

 

TB: ¿Qué haces para desconectar?

EB: Con tres hijos y un perro que se ha incorporado a la familia hace pocas semanas, ¡en casa siempre hay movimiento! Me gusta ir a la montaña, cocinar y compartir tiempo con la familia y los amigos. No soy muy de quedarme quieta: desconecto cambiando de actividad, haciendo cosas diferentes y disfrutando de los pequeños momentos con los que quiero.

 

TB: Un libro que recomendarías.

EB: ‘Lecciones de química’, de Bonnie Garmus. Me gusta cómo combina ciencia, pensamiento crítico y una mirada muy lúcida sobre el papel de las mujeres en la sociedad. Es una historia que cuestiona convenciones, reivindica el criterio propio y muestra cómo atreverse a pensar diferente puede abrir nuevos caminos. Además, me gusta que lo haga con humor y sin perder de vista la importancia de la ciencia.

 

TB: Una canción que defina tu momento vital.

EB: ‘A Sky Full of Stars’, de Coldplay. Refleja un momento vital lleno de energía, ilusión y ganas de hacer cosas. A pesar de los retos, intento mantener esta mirada optimista y disfrutar del camino, no solo del objetivo.

 

TB: Una receta, un plato o un restaurante.

EB: Una receta: Espaguetis a la carbonara. Un clásico que, cuando está bien hecho, es difícil de superar. ¡Sin complicaciones y con buenos ingredientes!

Un restaurante: L’Osteria del Contadino, un italiano que me gusta mucho. Si no, cualquier restaurante que cocine con un buen aceite de oliva e ingredientes de calidad. Eso sí, con tres peques, últimamente los restaurantes que triunfan en casa son los que les gustan a ellos: una buena hamburguesa o una barra giratoria de sushi.

 

TB: Un lugar del mundo.

EB: Barcelona. Soy de Manresa y he tenido experiencias internacionales que me han aportado mucho, pero también me han hecho valorar lo que tenemos aquí.

Barcelona es una plataforma excepcional. Tenemos hospitales, universidades, centros de investigación, empresas y mucho talento concentrado en un mismo entorno. A veces no somos suficientemente conscientes de todo lo que podemos llegar a hacer desde aquí.

 

TB: ¿Dónde invertirías 100.000 €?

EB: En un equipo con talento y un propósito que valga la pena. Para mí, estas dos cosas deben ir juntas.

Buscaría personas que conozcan muy bien el problema que quieren resolver, que estén comprometidas con él y que tengan la capacidad de trabajar juntas, aprender y adaptarse. Personas con criterio, generosidad y perseverancia, capaces de sumar visiones diferentes y seguir adelante incluso cuando el camino no está claro.

Una buena idea es importante, pero son las personas y la convicción con la que la llevan adelante las que pueden convertirla en una realidad. Y, si además lo que construyen puede mejorar la vida de las personas, todavía mejor.

 

TB: Si no fuera emprendedor…

EB: Seguramente estaría impulsando alguna otra iniciativa. Me gusta mucho poner cosas en marcha, conectar personas y encontrar maneras de hacer que las ideas avancen. No sé exactamente en qué sector sería, pero me cuesta imaginarme en un trabajo en el que no pudiera construir y participar activamente.

 

TB: ¿Qué significa Tech Barcelona para ti?

EB: Una comunidad que conecta personas con experiencias, conocimientos y visiones muy diferentes, pero con muchas ganas de hacer cosas. Valoro especialmente la posibilidad de compartir retos con otros emprendedores, aprender de lo que han vivido y encontrar complicidades más allá de nuestro sector. Creo que es precisamente de estas conexiones inesperadas de donde pueden surgir nuevas ideas, colaboraciones y oportunidades que difícilmente encontraríamos trabajando cada uno por su cuenta.

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