1 octubre 2026 Petit Comitech

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Petit Comitech | Pep Martorell y Luis Pareras, entre la fascinación y el recelo ante la IA

1 octubre 2026 Petit Comitech
Un físico y un neurocirujano. Dos de las personas que más saben de IA en este momento. Socios en un fondo de 100 millones de euros.
Discrepan sobre los efectos inmediatos que tendrá esta tecnología y cómo debemos reaccionar. Coinciden en que nadie sabe lo que va a pasar.

“Los modelos de inteligencia artificial que vienen os van a sorprender”, dice alguien con acceso a herramientas que aún no tenemos el resto de mortales. Luis Pareras, neurocirujano y socio fundador de Healthequity e Invivo Partners, vive con asombro (y algo de temor) la carrera por la IA: “intentar frenarla va a ser imposible”.

A su lado, Pep Martorell, físico, ingeniero informático y exdirector asociado del Barcelona Supercomputing Center, maravillado también por las nuevas capacidades, pero con la cautela de quien ha visto anunciadas demasiadas revoluciones tecnológicas, y convencido de que su adopción será más lenta de lo que nos pensamos.

Hace justo un año, ambos lanzaron Invivo Ventures AI, un fondo de 100 millones de euros para invertir en startups de IA, ciencia y deeptech. Durante la tercera edición del Petit Comitech, el formato de encuentros exclusivos con líderes tecnológicos organizado por Tech Barcelona y EAE Business School, han intentado dilucidar qué nos depara el futuro: dónde están los riesgos y oportunidades. También ha habido tiempo para la geopolítica y las reflexiones epistemológicas, en una conversación ‘regulada’ por Ignasi Costas, socio director de RCD y secretario general de Tech Barcelona.


Un riesgo que nadie ha votado

Imagina que mañana Anthropic y OpenAI, los líderes del mercado, deciden sesgar las respuestas de sus modelos un 1% hacia la izquierda o la derecha. “El mundo cambiaría y nadie lo hubiera votado”, dice Pareras. Primer riesgo: que unas pocas empresas acaben marcando nuestro futuro sin que sepamos cómo gobernarlas. Y mientras sigamos discutiendo si va primero el huevo (IA) o la gallina (gobernanza), seguiremos expuestos al crecimiento sin control.

Ya en 2023, miles de expertos firmaron una carta abierta para pedir una moratoria de 6 meses en el entrenamiento de sistemas de IA, que permitiera reducir la velocidad de desarrollo e implementar esquemas de evaluación externa obligatoria. Este mismo verano, 16 premios Nobel firmaron el comunicado “We Must Act Now” instando a prepararse con urgencia para los impactos económicos de una IA radicalmente más potente. Y hace unas semanas, un empleado de Anthropic dimitió acusando a su empresa de priorizar la carrera sobre la seguridad y temiendo una amenaza para la vida humana. “Basta con que alguien se salte la moratoria para que en los próximos meses veamos un accidente grave”, avisa Pareras. Sólo entonces, la sociedad reaccionará.

El problema, advierte Martorell, es que “en esta carrera, nadie tiene un incentivo para frenar si por detrás te están persiguiendo”. En China, por ejemplo, están proliferando los grandes modelos open source: “no es creíble que hayan llegado tan lejos con unas GPU de segunda mano de Jensen Huang”, ironiza. Éstos realmente parten de modelos comerciales, que luego ‘podan’ y ‘destilan’ hasta crear los propios, a su medida. Mientras unos corren para no perder la delantera, otros para alcanzarla, y nadie levanta el pie.

 

Y Europa, ¿qué?

“Europa me da vergüenza”, confiesa Pareras. Sobre el papel, el sistema europeo debería ser el mejor del mundo. Pero la realidad es que vivimos a merced de los modelos donde impera la productividad. “Siempre somos los primeros en regular. Si aquí no permitimos ciertas cosas y en China o Estados Unidos sí, ellos van hacia el futuro y nosotros nos quedamos en el medievo”.

Para él, la oportunidad del continente no está en el desarrollo de modelos fundacionales, sino en la capa de aplicación. Ahí es donde invierte Invivo Ventures AI.

 

¿Qué buscan los inversores?

Los inversores como Martorell y Pareras buscan todas aquellas barreras de contención que impiden que las grandes compañías hagan exactamente lo mismo que tú en seis meses:

Primero. Datos propietarios. Si los datos fueran públicos, los modelos más avanzados responderían igual o mejor que cualquier emprendedor. Tampoco sirve que te los puedan comprar.

Segundo. Un ‘know-how’ imbatible y difícil de replicar.

Tercero. Acceso al mercado.

Cuarto. Soluciones a problemas grandes o graves.

Quinto. Proactividad. En un entorno donde casi todo acaba resolviéndose de una manera u otra, se premiará tomar la iniciativa.

 

La IA nos quitará el trabajo. La pregunta es cuando.

“La IA ya diagnostica mejor una resonancia magnética que un radiólogo. Es un hecho. Y los pacientes estarán mejor atendidos, que es lo importante”, confiesa Pareras. La forma en la que entendemos el trabajo, no sólo el de los radiólogos, se va a ver afectada enormemente. Porque, cuando una IA lo hace mejor que tú, ¿cuál es el papel que le queda al ser humano? “Tendremos que reinventar el contrato social, algo que no se hace de un día para otro”, sentencia Pareras.

A Martorell, más cauto, le cuesta hablar de predicciones que no puede demostrar. “Me cuesta creer que todo esto vaya a pasar. Todo va a una velocidad brutal. Pero la brutalidad nos la da la velocidad de desarrollo, no la de adopción. Debemos tener en cuenta el ‘factor X’, el humano. Y los humanos, vamos lentos. Aunque hay mucha gente que vive del negocio de la exageración [véase nuestro titulillo clickbait], durante décadas se ha hablado de tecnologías que nunca acaban de llegar, porque la adopción sigue siendo el freno”.

 

Filosofando sobre la IA

“He estado equivocado toda la vida sobre el cerebro”, en palabras de un neurocirujano. “Siempre he pensado”, prosigue, “que es complejo porque la vida necesita la inteligencia para emerger. Pero la inteligencia en sí es simple: ceros y unos, conexiones. Somos una máquina. Una máquina biológica. Se piensa que la consciencia humana es la única forma de consciencia. ¿Pero qué te dice que una IA no sea consciente? No lo sabremos nunca. Pero sí podemos estar seguros de que se comportarán como conscientes.”

Martorell, en ese momento, a los inversores del fondo que estaban presentes en la sala del CaixaBank All in One: “Tranquilos, también trabajamos”.

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